Instalando un disco SSD en mi MacBook Pro 13′

Mi colega Jesús y yo llevamos tiempo queriendo instalar un disco SSD en nuestros portátiles, el mío un MacBook Pro 13′ de 2009 y el suyo un MacBook blanco creo que de la penúltima generación (1 minuto de silencio por su desaparición). Como mi colega es ? Apple Certified Macintosh Technician y sabe de estas cosas, él se encargó de hacer el seguimiento de los distintos modelos y precios disponibles. Finalmente me llamó el jueves pasado porque había encontrado un modelo muy equilibrado en prestaciones y precio: se trata de un Phoenix EVO 2,5 SSD de 115 Gb que la buena gente de alternate.es vendía por 138,52 € + gastos de envío (ahora lo han subido 9 €). Lleva controladora TRIM incorporada; mirad el enlace para más detalles técnicos.

Ayer jueves por la mañana llegaron los discos y la instalación fue coser y cantar. Por si alguien pregunta, el cambio de RAM y de disco duro por parte del usuario no hace perder la garantía, así que mi Apple Care sigue vigente sin problemas. La instalación es tan sencilla como sacar el disco y poner el otro con los mismos tornillos y en el mismo sitio que el anterior; esta guía de ifixit.com explica cómo hacerlo. Este disco es un pelín más grueso que el que viene en mi MacBook Pro, pero aun así encaja a la perfección.

Una vez en casa procedí a instalar OS X Lion desde cero, como a muchos les gusta hacer 😉 . Previamente me había creado un USB instalador de Lion como explican aquí. El MacBook Pro tardó en arrancar porque al haber perdido su disco duro de siempre pues lo hecha de menos y eso; como diría Ross Geller «a nadie le gustan los cambios». Al estar el disco SSD vacío al MacBook Pro no le queda otra que arrancar desde el USB, así sin tocar ninguna tecla ni elegir nada.

Ojo, según me dijo Jesús, es posible que incluso después de instalar Lion algún equipo tarde más de lo debido en arrancar, por un fuerte sentimiento de nostalgia que le lleva a seguir buscando su viejo disco duro. Para solucionarlo nos vamos a Preferencias del Sistema -> Disco de Arranque y elegimos nuestro nuevo disco como disco de arranque (ya estará seleccionado) y le damos a reiniciar. Puede resultar redundante pero soluciona el problema. Es por algo relacionado con el firmware, pero no lo tengo muy claro.

La instalación de OS X Lion llevó 19 minutos. Rauda y veloz. Durante el proceso le conecté el disco de Time Machine y procedí a transferir mis usuarios, mis datos y mis aplicaciones, supongo que una pequeña decepción para los puristas amantes del arranque completamente desde cero. Esta transferencia (de unos 50 y poco Gb) duró algo menos de media hora. Hablando en serio, poco me hubiera importado hacer un arranque realmente desde cero, pero estoy bajo 3G y no es el mejor momento de andar descargando programas ¿no os parece?

Con todo listo, inicié sesión en mi usuario y al tiempo que Spotlight comenzaba a reindexar todo, yo instalaba Microsoft Office 2011 desde un DVD (cosas del trabajo de mi mujer). Tras ello, comprobé que los drivers del USB 3G de Movistar no habían superado el cambio y los reinstalé. Durante todo ese proceso el ordenador ardía y los ventiladores iban como locos. Cuando todo acabó, apagué el equipo y ahí fue donde vi el primer atisbo de velocidad. Me fui a dormir no sin antes activar el soporte TRIM con TRIM Enabler porque OS X Lion sólo lo activa por defecto en los modelos de SSD que monta Apple.

El viernes, más tranquilo, me dispuse a hacer pruebas reales, sin Spotlight indexando y sin DVDs girando, sólo mi MacBook Pro 13′, su disco SSD y yo. El arranque dura exactamente 17 segundos (comprobado varias veces) entendiendo por arranque el tiempo que pasa entre que aprieto el botón y sale la pantalla para elegir usuario. Antes, en el mejor de los casos tardaba unos 40 segundos, llegando con frecuencia a superar el minuto. Una vez introducida la contraseña el escritorio está listo en apenas dos segundos.

El comportamiento de las aplicaciones ha mejorado bastante. Por ejemplo, iTunes con 12’87 Gb de datos se abre en dos botes la primera vez y un solo bote las sucesivas, y el cierre es inmediato, como también lo es el apagado del equipo aunque tenga aplicaciones abiertas. Así las cosas, apenas encuentro motivos para dejar el MacBook Pro en reposo cerrando la tapa; mucho mejor apagarlo del todo y ahorrar toda la batería posible.

El calentamiento es la decepción. Con el ordenador apagado horas, enciendo y me pongo a escribir esto y a los 10 minutos ya está considerablemente más caliente, como antes. iStat Pro me dice que el disco está a 30º (18º menos de lo que solía tener el disco duro anterior) pero la batería parece que sigue su guerra por otro lado, dado que la zona donde está instalado el disco duro está considerablemente más fría. No tengo el cargador conectado. En los 10 minutos siguientes el calor ya se ha extendido a la zona donde reposo mi delicada muñeca izquierda, mientras que la muñeca derecha está en un estado óptimo de temperatura. La temperatura de la CPU está rozando los 70º mientras escribo esto sólo con Safari abierto, lo que viene a ser su temperatura normal. Decir que en estos momentos estoy accediendo a Internet con un pincho USB 3G de Movistar y no sé cómo esto puede afectar o no a la temperatura. En la sala en la que estoy hace hasta fresquito y todo y siempre uso el MacBook Pro en verano con dos patitas de goma que lo elevan un dedo por atrás, pero los ventiladores ya han pasado las 2500 rpm y se les empieza a oír un poquito si te acercas. Viviré con ello; este MacBook Pro 13′ (2009) nunca ha sido un ordenador especialmente frío ni mucho menos; seguramente sobrevaloré la influencia del disco duro en la temperatura global.

Bueno, al grano: ¿merece la pena? Pues de momento sí, dado que el arranque y el apagado han mejorado muchísimo y eso me da un indicio de cómo se van a comportar las otras aplicaciones cuando trabaje con ellas intensamente. Evidentemente no me he gastado 140 € para que el ordenador se encienda rápido pero no he podido hacer más pruebas de rendimiento que fueran significativas o reales.

Este MacBook Pro 13′ Core 2 Duo 2,26 GHz 4 GB RAM va a ser mi ordenador principal todo el verano; en él editaré los vídeos de vacaciones con iMovie y trataré mis fotos con Aperture. Cuando vuelva a mi iMac 24′ Core 2 Duo 2,93 GHz 8 GB RAM y trabaje un par de días con él veré realmente la diferencia de rendimiento que al  MacBook Pro le supone el SSD y podré hablar con más conocimiento de causa. De momento las sensaciones no pueden ser mejores.

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